Septiembre 2012, Número 11
 
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Las finanzas del futuro: ¿ligeros ajustes o cambio de paradigma?

Superado el estupor inicial ante la debacle financiera, se instaló cierta sensación de expectativa ante la inevitable transformación de un sistema que había mostrado su peor cara. ¡Había llegado el momento de que gobiernos y sociedades impulsaran un cambio significativo hacia prácticas económicas más equitativas y sostenibles! Para decepción de muchos, la realidad está mostrando otra cosa: con la pacata actitud de que "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer", y condicionados por los mismos grupos de influencia que nos han conducido a la actual situación, los gobiernos occidentales han optado por mantener a toda costa el statu quo, a cambio de pequeños retoques legislativos de cuestionable eficacia.

En este contexto, conviene tener presentes algunas de las propuestas de reforma social, económica y financiera que se están planteando a lo largo y ancho del planeta. Basadas en la integración de todas las dimensiones del ser humano, no provienen de grupos marginales ni de colectivos presuntamente inadaptados, sino de profesionales reconocidos y solventes dispuestos a salir de su propia zona de confort. Veamos sus propuestas y las experiencias que las avalan.

En su artículo Recesión, sostenibilidad y dinero: la variable escondida, Hazel Henderson expone que el único modo de evitar futuras recesiones es desplazar el paradigma desde la codicia hacia la búsqueda del bien. El origen de la actual crisis reside en los turbios secretos de la creación del dinero y en cómo la prestidigitación financiera permitió a los agentes financieros controlar a los políticos… incluso en las democracias.
La Dra. Henderson señala que en realidad el dinero no es riqueza, puesto que sólo tiene valor si creemos y confiamos en él. Las divisas son simplemente sistemas de información que siguen la pista y llevan la cuenta de las prioridades y de las interacciones humanas entre sí y con las riquezas de la Naturaleza. Al final, el dinero como símbolo ha dejado de ser una útil unidad de cuenta para convertirse en un fetiche que domina nuestras mentes, nuestros propósitos, nuestras comunidades y los procesos nacionales de toma de decisiones, mientras dificulta la búsqueda de formas de desarrollo más sostenibles y de políticas globales más realistas. Esta perspectiva es compartida por Bernard Lietaer, uno de los creadores del ECU (la unidad monetaria que precedió al euro); en su libro Dinero y sostenibilidad: el eslabón perdido, afirma que el actual sistema monetario es inherentemente inestable y destructivo.

Sobre esta base, Hazel Henderson opina que la visión futura plasmada en la declaración "El futuro que queremos", emitida tras la Cumbre de la Tierra Río+20, está condenada al fracaso porque no tiene en cuenta la variable oculta: el sistema de creación del dinero. Sin la previa reforma del actual paradigma del dinero no será posible avanzar hacia los objetivos comunes de una sociedad más justa y mejor conectada con el entorno. La alternativa que propone se recoge en la declaración sobre las Finanzas transformadoras basadas en la ética y en los principios de la vida.

Firmada por numerosas personalidades del mundo de la economía, las finanzas y la protección del medio ambiente, la declaración plantea la necesidad de superar la mayor parte de los conceptos en los que se basa la actual valoración del progreso económico, para sustituirlos por modelos y estrategias que han demostrado su eficacia en la preservación de organismos y ecosistemas naturales: "Los mercados de dinero y las finanzas son invenciones humanas y, como tales, son buenos servidores de propósitos evolutivos superiores, pero pueden ser malos maestros. La negociación y el intercambio son estrategias básicas de los seres humanos y de todas las especies vivas, pero los sistemas económicos y financieros no son equivalentes funcionales de los ecosistemas. El dinero y otras representaciones no tienen equivalente en la naturaleza, que opera mediante el intercambio directo de materiales, información y servicios".

"(…) Por tanto, evitamos emplear muchas de las herramientas convencionales de análisis financiero (teoría moderna de carteras, modelo de valoración de activos financieros, valor en riesgo y otros análisis de riesgos, descontar al valor presente, etc.) así como aquellos métodos basados en asunciones económicas convencionales, como los mercados eficientes, compleción del mercado, agentes racionales, racionalidad limitada, etc. En su lugar, seguimos el nuevo conocimiento científico sobre el comportamiento humano, la endocrinología, las ciencias del cerebro, la genética, la antropología y las demás aproximaciones a la condición humana, obtenidas a través de una expansión del conocimiento y de la conciencia de nuestra verdadera condición humana, (…) junto con la cuidadosa experimentación basada en los 3,8 billones de años de exitoso aprendizaje e innovación de la Naturaleza".


El dinero, que surgió como una herramienta para facilitar los cada vez más complejos intercambios de bienes y servicios, ha acabado convirtiéndose en un fin en sí mismo, hasta el punto de que las operaciones financieras más lucrativas se basan en la creación de una "riqueza virtual" que carece de respaldo alguno en el mundo físico. De esta forma, las finanzas han acabado por desconectarse de la economía real.

En línea con la tesis de la Dra. Henderson, abundan las voces que señalan el actual sistema de creación y valoración del dinero como una de las grandes fuentes del problema. Y, en consecuencia, es ahí hacia donde apuntan muchas de las propuestas alternativas: a la utilización de medios de pago de ámbito local o restringido, que se adapten a las necesidades específicas del entorno. En mayo de este año, el Director de Estudios del Deutsche Bank proponía como solución para la crisis griega la puesta en circulación de una divisa paralela, el "Geuro", para ayudar al país a restaurar su competitividad interna, manteniendo el euro para las transacciones internacionales. Este planteamiento reconoce implícitamente que la permanencia en el euro, y el consiguiente sometimiento a las exigencias de unos mercados financieros "desconectados de la realidad", no van a contribuir demasiado a superar la actual situación.

Aún es posible reducir más el ámbito de las divisas locales. En el artículo La transición hacia las eco-ciudades, el periodista Carlos Fresneda comenta la experiencia del municipio de Totnes, en el Reino Unido. Se trata de un experimento integral de regeneración ambiental, económica y social que incluye una divisa autóctona, la libra de Totnes. Al margen del interés global de los diversos programas piloto de ciudades sostenibles que se están extendiendo en distintos países, resulta revelador cómo la utilización de una moneda propia se considera un elemento imprescindible en todos los casos.

Otra experiencia destacable es la del protocolo Bitcoin, en fase experimental y de uso aún muy minoritario. Se trata de una divisa electrónica descentralizada que busca convertirse en una alternativa viable a las divisas nacionales, y que se acepta como medio de pago en algunas tiendas físicas. Los promotores están tratando de acelerar su difusión a través de la Fundación Bitcoin.

De un modo u otro, parece claro que el dinero siempre va a estar en el centro de la cuestión. Depende de nosotros ponerlo en la perspectiva adecuada y manejarlo como lo que es, un recurso instrumental supeditado a los objetivos, infinitamente más valiosos, de la equidad y la sostenibilidad.


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