Noviembre 2012, número 13
 
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Mr. Scrooge y el fantasma de las crisis futuras

En su Cuento de Navidad, Dickens nos presenta al insufrible Ebenezer Scrooge. Misántropo y avaro, el repelente personaje es visitado en Nochebuena por los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Con la lucidez que da la perspectiva, comprende que su antipática actitud sólo puede conducirle al desastre y, de la noche a la mañana (literalmente), se convierte en un dechado de virtudes humanas. Nuestro juglar financiero, un tanto escéptico ante tan repentina transformación, sospecha que una buena crisis económica podría provocar alguna que otra recaída en la nueva personalidad de Mr. Scrooge. ¿Serán necesarias más visitas fantasmales para hacerle retornar al buen camino?

A medida que se aproximaba la Nochebuena de 2012, la desazón de Mr. Scrooge aumentaba sin cesar: "¡Esto es horroroso! ¿Dónde vamos a ir a parar? No voy a tener más remedio que realizar algunos penosos ajustes en mis negocios… ¡Debo sobrevivir! Después de todo, si mantengo mis márgenes habituales de ganancias podré seguir creando riqueza y, en cuanto las cosas mejoren, volveré a ser el tipo amable y generoso al que todos mis vecinos, clientes y empleados se han acostumbrado. En cambio, si la crisis me perjudica, ¡no seré de ayuda para nadie! Sí, está claro. ¡Tengo que recortar costes! Sin duda es muy triste y lamentable… ¡Ah! ¡Ojalá siguiera siendo el hombre que era antes, cuando no me conmovía ningún sufrimiento humano y no tenía escrúpulos en mandar a los pobres al asilo! ¡Esta cruel situación sería mucho más soportable si yo no fuera tan buena persona!".

Y de esta forma seguía discurriendo nuestro Mr. Scrooge, felicitándose a sí mismo por haber recobrado la humanidad suficiente como para afligirse por las decisiones que debía tomar.
Puesto que se había vuelto tan bondadoso que no soportaba provocar ningún tipo de sufrimiento, en lugar de comunicar el despido personalmente a sus empleados implantó un sistema mucho más adecuado a su delicada sensibilidad. Al salir de la oficina los viernes por la tarde, los afectados recibían del vigilante de seguridad una carta con el siguiente texto:

"Estimado Menganito: Por razones completamente ajenas a mi voluntad y deseos, tu colaboración no será necesaria a partir del próximo lunes. Podrás retirar en recepción tus efectos personales, de lunes a viernes, de 16:00 a 18:00. Gracias por tus leales servicios durante los pasados 25 años. Con inconmensurable afecto, Ebenezer Scrooge".

En poco tiempo, el antaño floreciente negocio de Mr. Scrooge comenzó a parecer una oficina fantasma: las telarañas decoraban los equipos informáticos y los empleados que aún no habían sucumbido al "ritual de los viernes" estaban cada vez más callados y ojerosos. Decidido a mostrar la solidaridad y la empatía que inundaban su corazón, Mr. Scrooge adquirió la costumbre de recorrer las instalaciones dando palmaditas en la espalda a los exhaustos trabajadores, mientras murmuraba: "¡Malos tiempos estos para las personas de orden! Doy gracias al Cielo por contar con unos colaboradores tan leales como vosotros, que comprendéis la necesidad de hacer algunos pequeños sacrificios y trabajar el doble para mantener esta nave a flote. Por desgracia, puede que ni siquiera eso resulte suficiente… ¡Esta crisis no perdona!".

Y seguía su camino con expresión compungida, dejando tras de sí una gama de sentimientos que oscilaban entre el desconcierto y el odio visceral. Al parecer, los (cada vez más escasos) miembros del personal estaban tan inmersos en sus preocupaciones particulares que no comprendían el dilema y el sufrimiento del excelente Mr. Scrooge. De vez en cuando, al gran hombre se le pasaba fugazmente por la cabeza la sospecha de que tal vez sus empleados no apreciaban debidamente sus esfuerzos, pero se consolaba pensando que, al fin y al cabo, no se podía esperar que tuvieran la visión panorámica y de largo plazo que él debía sostener por el bien de todos. "¡La soledad es el precio de estar en la cumbre!", se decía Mr. Scrooge.

El día de Nochebuena, Mr. Scrooge se sintió magnánimo y permitió a los trabajadores abandonar la oficina a las 18:30, no sin antes aclararles que el convenio estipulaba la permanencia hasta las 19:00 y que debían considerar tan excepcional medida como un privilegio gracioso.

Con el ánimo exultante por su generosa ocurrencia, Mr. Scrooge se encaminó hacia el hogar de su sobrino para disfrutar de la cena en familia. Faltaban pocos metros para llegar a su destino cuando vislumbró una extraña luz proveniente de un solar abandonado. Una incómoda sensación de déjà vu le recorrió la espina dorsal… ¡Cómo se parecía ese resplandor al que, muchos años atrás, había acompañado la visita de los tres espectros navideños! Sin embargo, estaba seguro de que esta vez existiría una explicación más terrenal, porque con su ejemplar comportamiento no había dado motivos para una segunda reprimenda del inframundo.

¡Craso error! Antes de que hubiera terminado de formular tal pensamiento, se encontró frente a frente con un fantasma de manual. No le faltaba detalle: aspecto de estar bastante podrido, ropa hecha jirones, cadenas oxidadas…

"¿Pero qué he hecho ahora?", se lamentó Mr. Scrooge. "Mi comportamiento ha sido modélico durante los últimos años. ¡Soy un hombre de bien, que lucha por hacer frente a las circunstancias adversas de la mejor forma posible! Es cierto que últimamente me conduzco con más cautela a la hora de gastar, ¡pero es que sería suicida no hacerlo, con este panorama! ¿No es mejor que la riqueza disponible la gestione alguien comprometido, sensible y culto como yo?".

El espectro se mostró impertérrito ante la diatriba (claro que no es fácil resultar expresivo cuando uno está compuesto por restos orgánicos putrefactos) y dejó oír su voz de ultratumba: "¡Ebenezer Scrooge! Soy el fantasma de las crisis futuras. Se me ha enviado para mostrarte el mañana que estás creando con tus acciones presentes. Recuerda que soy un mero acompañante, tú eres el verdadero hacedor de las visiones que vas a contemplar".

Sin más preámbulo, Mr. Scrooge y su deteriorado guía se encontraron ante las ruinas humeantes de lo que parecía haber sido un gran edificio, mientras una multitud se agolpaba para ver los últimos estertores de… "¡Mi empresa!", sollozó Mr. Scrooge. "¿Un incendio? ¿Cómo es posible? ¿Por qué a mí?".

En ese momento comenzó a percibir con claridad las conversaciones que se desarrollaban en el grupo de curiosos.

¡Tenía que suceder algo así! No se gastaba nada en mantenimiento…
Por suerte ya había despedido a todos los trabajadores, estaba él solo en el edificio cuando empezaron las llamas.
¿Ni siquiera tenía vigilante de seguridad?
¿Para qué? ¡Si no quedaba nada que vigilar! Parece que tuvo la desfachatez de entregarle al vigilante el sobre con su propio despido, con la advertencia de que no debía abrirlo hasta el viernes por la tarde… ¡Como si el hombre no supiera ya lo que había dentro, después de haber entregado cientos!
Dicen que enloqueció con la crisis…
¡Quia! Nunca estuvo cuerdo… Parecía cambiado mientras las cosas iban bien para todos, pero cuando llegó el momento de demostrar de qué pasta estaba hecho, su verdadera naturaleza volvió a resurgir.
Pues su principal competidor ha hecho mucho dinero, a pesar de los problemas económicos…
¡Claro! Sólo ha tenido que hacer lo contrario que Mr. Scrooge: cuidar a quienes realizan el trabajo y preocuparse por dar un buen servicio.

"¡Basta!", sollozó Scrooge. "¡No quiero ver más! ¿Qué tengo que hacer para que no ocurra eso? ¿Cómo es posible superar la crisis sin realizar algún que otro ajuste?".

El fantasma emitió algo parecido a un suspiro: "Ay, Ebenezer, Ebenezer, qué bruto eres… ¿Es que crees que la crisis es un ente autónomo con vida propia? ¡TÚ ERES LA CRISIS! La alimentas siempre que te preocupas más por los números que por las personas, por ganar más y no por hacer las cosas mejor. Son tus decisiones las que hacen que las cosas sean cada vez más difíciles para todos. Tú eres yo, Ebenezer. O, si lo entiendes mejor así, yo soy lo que va a quedar de ti después de ese incendio. Ebenezer Scrooge, ¡tú eres el fantasma de las crisis futuras!".

¿Qué opinan nuestros lectores? ¿El avaro nace o se hace? ¿Hay esperanza para Mr. Scrooge? ¿Qué clase de educación financiera necesita para convertirse en un verdadero empresario anti-crisis? Espero con enorme interés vuestras respuestas en juglarfinanciero@addkeen.net o en nuestra página de Facebook.






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