Abril 2014, número 29
 
Capítulo 4
La salud es lo que importa

En los capítulos anteriores hemos atisbado las turbulentas corrientes subterráneas que fluyen bajo la dignísima apariencia de los Rodríguez de la Malvarrosa. El sorprendente testamento del patriarca ha puesto patas arriba lo que parecía un modélico grupo de empresas familiares. Para terminar de complicar el panorama, el primogénito acaba de ser víctima de un aparatoso accidente casero de impredecibles consecuencias...

En la feliz inconsciencia

Victoria Marina entró en el luminoso y confortable despacho que ocupaba como directora de la clínica. Elena de las Nieves, que odiaba todos los centros médicos de los que no pudiera salir rejuvenecida, se había atrincherado allí para esperar noticias sobre el estado de su hijo.

"Tiene una fuerte conmoción cerebral, pero tendremos que esperar a que despierte para valorar mejor el alcance de las lesiones", informó Victoria. "Fue una suerte que Benicio oyera el ruido y pidiera ayuda con tanta rapidez".

"La culpa es de tu difunto padre y de esa pequeña majadera. Si Luciano Federico hubiese estado debidamente concentrado en gestionar el patrimonio de la familia, como corresponde a su posición y experiencia, jamás habría sufrido un percance tan absurdo y carente de elegancia".

"Tienes razón, qué falta de glamour por parte de mi hermano", se burló Victoria Marina, que no tenía paciencia con el esnobismo patológico de su madre. "El hecho de que se haya fracturado el cráneo y el hombro es lo de menos, frente a la indignidad de ser visto por los paramédicos en cueros y despatarrado en el suelo del cuarto de baño".

"No seas descarada, Victoria, sabes perfectamente a lo que me refiero. Luciano Federico está muy preocupado por el futuro de esta familia. ¡Cualquiera sabe qué ideas peregrinas se le van a seguir ocurriendo a esa cabeza de chorlito!"

"Lo que os preocupa es precisamente lo contrario: que mi nueva hermana no tiene ni un pelo de tonta", rio Victoria. "Hablando de verdaderas cabezas huecas, imagino que la mujer de mi hermano aparecerá de un momento a otro".

"¿Patricia Juliana va a honrarnos con su presencia? ¡Pero si ni siquiera se dignó venir al entierro de tu padre!". Elena de las Nieves odiaba con pasión a su nuera, que había resultado ser aún más fría y calculadora que ella misma. Urbanita acérrima y fashion victim, Patricia jamás viajaba a ciudades de menos de tres millones de habitantes y sentía una aversión visceral hacia lo que despectivamente denominaba 'el estilo campesino de San Pancracio'.

"¿Sabes lo que respondió cuando le dije que la vida de Luciano no corría peligro? Que se alegraba de que su presencia no fuera indispensable, porque le hubiese disgustado mucho cancelar su participación en el torneo de bádminton. Una respuesta normal en una bruja egoísta y codiciosa como ella, por supuesto", comentó Victoria con despreocupación. "Lo sorprendente es que media hora después llamó para decir que lo había pensado mejor, que en los momentos de incertidumbre una mujer tiene que apoyar a su marido y que ya estaban saliendo de la capital camino de San Pancracio".

"¿Has dicho 'estaban'?", se percató Elena de las Nieves. "¿Viene con los niños?"

"No, con uno de los socios de Luciano. Parece que el hombre llamó a Patricia para decirle que había oído lo del accidente y que imaginaba su ansiedad por llegar junto a Luciano, por lo que se ofrecía para traerla de inmediato en su helicóptero privado. Sospecho que mi cuñada no ha podido resistirse a aparecer en San Pancracio literalmente descendiendo de los cielos, ja, ja, ja… Aterrizarán en el helipuerto de la clínica de un momento a otro".

Elena de las Nieves se había puesto muy pálida: "¿Qué socio, Victoria? ¿Dijo su nombre?"

"Sí, pero no me pidas que te lo repita porque no soy capaz… Sonaba inglés, creo", respondió Victoria, encogiéndose de hombros.

De inmediato reparó en la alarma que reflejaba la mirada de su madre (lo cual era meritorio, considerando que los paralizados músculos del rostro no contribuían al esfuerzo expresivo) y su radar se puso en funcionamiento: "¿Por qué lo preguntas? ¿Conoces a los socios de Luciano? ¿Hay algún problema?"

Ante el silencio despavorido de Elena, los engranajes mentales de Victoria Marina comenzaron a funcionar a todo gas. "Ahora que lo pienso, ¿cómo se enteró ese tipo del percance de Luciano? ¿Quién pudo avisarle para que lo supiera casi al mismo tiempo que el resto de la familia?".

En aquel momento, unos ligeros toques en la puerta del despacho precedieron a la entrada de…

Un óbolo para una pobre viuda

"¿Cómo sigue Luciano?", preguntó Carlos Adalberto mientras se inclinaba para besar a su madre.

Detrás de él apareció Marga Teresita, para quien esta visita hospitalaria representaba el primer acto social como miembro de la familia. Pensando que la cautelosa e insegura expresión de la joven resultaba enternecedora, Victoria la abrazó cariñosamente: "¡Hola, Marga! Habéis llegado pronto. Luciano Federico aún no ha recuperado el conocimiento… bueno, el poco que tenía, ja ja ja. Cuando despierte podremos evaluar mejor su estado. ¿Queréis verle? Os aconsejo que aprovechéis la ocasión: no es habitual ver a Luciano tan calladito e inofensivo, ja ja ja… Aunque los golpes en la cabeza siempre son traicioneros, en el caso de Luciano cualquier cambio en su estructura cerebral sólo puede ser una mejora, ja ja ja".

"Observo que tu discutible sentido del humor está hoy particularmente desatado, hija mía", interrumpió gélidamente Elena de las Nieves. "Si quieres seguir haciendo chistes sobre este terrible acontecimiento, prefiero no escucharlos… Acompaña a Carlos a ver a tu hermano, que yo necesito hablar unos instantes con Marga Teresita".

Carlos Adalberto y Victoria Marina se miraron, preocupados. "Madre, no creo que sea un buen momento…"

"No hay ningún problema, Carlos. Es normal que doña Elena quiera charlar conmigo. Me reuniré con vosotros más tarde".

No del todo convencidos, Carlos y Victoria salieron del despacho. Marga Teresita se sentó con la mayor compostura frente a Elena de las Nieves, dispuesta a parar unas cuantas estocadas. "Y bien, señora, ¿qué puedo hacer por usted?".

"Más de lo que piensas, pequeña, más de lo que piensas. Por favor, no me veas como a una adversaria. Estoy segura de que comprendes que mi único interés es proteger el legado de mis hijos…". Hizo una pausa, esperando el asentimiento de Marga Teresita. Sin embargo, la joven se limitó a contemplarla sin pestañear. A regañadientes, Elena tuvo que reconocer que la pequeña tontuela estaba bien entrenada para hacer frente a situaciones desagradables. Aunque no volvería a cometer el error de subestimar su inteligencia, Elena de las Nieves esperaba tener más éxito por la vía lacrimógena; con Luciano Federico fuera de combate, se estaba quedando sin opciones para solucionar la debacle de sus finanzas.

Con un suspiro, prosiguió: "Verás, querida, sólo te pido que contemples mis circunstancias de manera objetiva. Soy una pobre viuda que, de la noche a la mañana, se encuentra desposeída de su posición y de la mayor parte de sus recursos. Ni siquiera puedo consolarme con los recuerdos de mi vida en común con Pedro Teodosio… ¡Acabo de enterarme de que mi marido me traicionó, ocultándome sus aventuras durante casi 30 años!".

Marga Teresita mantuvo su pose impávida, sin registrar la ofensa implícita ni el chapucero intento de hacerla sentir culpable. Tampoco se molestó en señalar que las 'aventuras' de un hombre entre los 70 y los 100 años no podían ir mucho más allá de lo platónico, con la asombrosa excepción que, casi tres décadas atrás, había dado origen a su nacimiento. El cual, por otra parte, había puesto fin a la carrera donjuanesca del patriarca.

Desquiciada por el silencio de la muchacha, Elena decidió saltarse los preliminares y pasar al punto central de su argumento: "Marga Teresita, me encuentro en un momento muy delicado, entre la plenitud y la decadencia física. Mi mundo se está derrumbando y no quiero que mis párpados también lo hagan. He reservado cita en una exclusiva clínica suiza de rejuvenecimiento pero, debido a las nuevas circunstancias… En fin, tengo un problema transitorio de liquidez y necesito que me asignes recursos adicionales del patrimonio común…".

"¿De cuánto dinero estamos hablando, señora?", preguntó Marga Teresita, con un estilo ejecutivo que dejó helada a Elena de las Nieves.

"Poca cosa… ejem. En fin… Calculo que bastaría con unos… 500.000 dólares".

"Medio millón de dólares", repitió Marga con el mismo tono sin inflexiones que podría haber utilizado para dar la hora.

"Bueno, dicho así parece mucho, pero los resultados valen la pena, ji ji ji".

Marga Teresita casi sintió lástima por aquella mujer tan lianta. Pero también sabía que Elena de las Nieves sólo veía en ella un molesto obstáculo para acceder al dinero que consideraba suyo, y que sería un grave error bajar la guardia. "¿Para qué necesitará semejante cantidad?" , se preguntó la muchacha, que ni por un momento se había tragado lo de los retoques estéticos. Decidió que lo mejor sería seguirle el juego hasta que averiguara algo más.

"Pero, señora, dispone usted de un cuantioso patrimonio propio, como el resto de los miembros de la familia. Si no me equivoco, sus bienes personales superan con creces esa cantidad y no necesita ningún permiso para acceder a lo que ya es suyo, así que… ¿por qué recurrir al patrimonio común?"

Elena de las Nieves tembló al pensar en lo que quedaba de su 'cuantioso patrimonio', pero la pregunta de Marga Teresita era razonable y estaba preparada para responderla: "Verás, pequeña, mis asesores financieros insisten tanto en las ventajas de invertir a largo plazo que casi todo mi patrimonio está colocado en activos muy rentables… pero completamente ilíquidos. Si deshiciera mis posiciones en estos momentos tendría que hacer frente a pérdidas innecesarias o a cuantiosas penalizaciones… ¡lo cual sería una lástima! En realidad, no te estoy pidiendo dinero extra, sino un… llamémoslo 'adelanto', que por supuesto iré reponiendo en la caja familiar a medida que venzan mis inversiones y recupere liquidez".

"Entiendo…", dijo Marga Teresita, aunque en realidad no entendía nada y estaba convencida de que allí había gato encerrado. "Me temo, doña Elena, que no puedo manejar la llave del dinero de la forma que usted parece suponer. Existen ciertos protocolos para disponer del patrimonio común… No, no me interrumpa, ya sé que esos protocolos jamás se han respetado y que Luciano Federico siempre lo ha gestionado todo según el principio de buena fe y confianza mutua, pero yo necesito conocer mejor la situación antes de atreverme a operar con la misma 'soltura' que él…"

A pesar de su enojo, Elena de las Nieves no pudo por menos que apreciar la habilidad con que Marga Teresita había camuflado el insulto. Estaba claro que sospechaba o sabía que las incursiones de Luciano y Elena en la caja común no siempre habían sido todo lo transparentes que debieran.

Mientras la viuda reflexionaba sobre el mejor modo de contraatacar antes de darse definitivamente por vencida, Carlos y Victoria Marina regresaron de su breve visita. "¿Todo en orden por aquí?", preguntó jovialmente Victoria.

"Por supuesto, hermana". Decidida a no exteriorizar su alivio por la conclusión de aquel incómodo têtê à têtê, Marga Teresita se apresuró a cambiar de tema. "¿Alguna novedad sobre Luciano?"

"Nada todavía. Nos avisarán tan pronto como haya el menor cambio en su estado. Espero que despierte antes de…"

La puerta del despacho se abrió de golpe: "¿Dónde está mi querido espoooooso?"

Please, come in!

Aunque no era la primera vez que veía de cerca a la esposa de Luciano, Marga Teresita volvió a sentirse impactada por la constatación de que el dinero y el buen gusto no siempre van unidos. Incluso ella, que no hojeaba las revistas de moda ni siquiera en la peluquería, era capaz de reconocer todos los logos que de manera tan gratuita como ostentosa lucía aquella mujer, al parecer empeñada en demostrar que era una auténtica "chica Cosmo".

Elena de las Nieves decidió que necesitaba expulsar un poco de veneno para sobrellevar aquel día tan espantoso: "Patricia Juliana, querida, luces espléndida. Te extrañamos en el entierro de mi esposo… ¿Tal vez coincidió con alguna liquidación especial de bolsos de Gucci?"

"Ja ja ja. Mi venerada suegra… ¡cada día más ocurrente! Sé que Luciano te informó de mi inoportuna indisposición, de la que afortunadamente ya estoy recuperada. Es admirable que conserves el buen humor, teniendo en cuenta el cúmulo de despropósitos de las últimas semanas… Pero ¿qué veo? ¡Si tenemos aquí a una de las principales protagonistas de la farsa!"

Marga Teresita, que había descubierto en sí misma una insospechada afición a hacerse la tonta, dedicó a la recién llegada una de sus sonrisas más radiantes. "Yo también me alegro de verte, Patricia Juliana. Siento grandes deseos de estrechar los vínculos con mi nueva familia. Imagínate… Toda la vida creyendo que era huérfana e hija única, y de un día para otro tengo tres hermanos, una cuñada y dos sobrinos. ¡Estoy extasiada! Tienes que decirme dónde compras esa ropa tan chula que llevas".

Patricia parpadeó sorprendida, preguntándose si aquella parrafada era producto de una ingenuidad rayana en la estupidez o si Marga estaba sencillamente burlándose de ella. Incapaz de llegar a una conclusión, prefirió postergar la incómoda disyuntiva y se dispuso a jugar su baza ganadora.

"Como sabéis, no he venido sola. Mr. Jason Bedelfather, uno de los socios de Luciano, ha tenido la exquisita amabilidad de traerme en su helicóptero particular, para que pudiera llegar lo antes posible junto a mi marido. Ah, por cierto, aquí está…"

El susodicho se detuvo en el umbral y observó durante unos instantes a todos los presentes. Después se dirigió sin vacilar hacia Elena de las Nieves y se inclinó con galantería. "Soy complacido de encontrar a usted, bella dama", chapurreó con un acento infame.

"Este despacho empieza a parecer el camarote de los hermanos Marx", murmuró Carlos Adalberto. Victoria, lo bastante cerca para oír el comentario, estaba a punto de soltar la carcajada cuando un vistazo a la cara de su madre le quitó las ganas de reír. Los ojos de Elena de las Nieves mostraban de nuevo una expresión de profunda angustia, lo que disparó la curiosidad de Victoria Marina sobre aquel ceremonioso inglés. Tras unos momentos de indecisión, Elena salió del paso con el mínimo esfuerzo: "El placer es mío, caballero".

Mr. Bedelfather dedicó entonces su atención a los demás ocupantes del despacho. Una imperceptible inclinación de cabeza fue todo lo que mereció Carlos Adalberto. Por el contrario, Victoria fue objeto de una inspección visual tan detallada que rozaba la grosería. El inglés sonrió, obviamente divertido ante su incomodidad, y exhibió de nuevo su lamentable pero florido castellano: "Luciano Federico muy culpable. Nunca dijo la bella hermana que él tener".

A continuación se volvió a Marga Teresita: "Y aquí pequeña hermana sorpresa y nueva propietaria, si yo no equivocar".

Aunque el inglés era sin duda un hombre muy atractivo, Marga Teresita sentía un rechazo visceral hacia las demostraciones de autoridad prepotente. Recostándose en su asiento, brindó al intruso el mismo repaso de arriba abajo y de abajo arriba que él había dedicado a Victoria. Por fin recurrió a la sonrisa más cándida de su repertorio y preguntó con dulzura:

"¿Y usted quién es?"

La risa del inglés no bastó para ocultar el brillo calculador de su mirada: "Bella damita tener mucha razón. Yo nada educado y no presentar bien a yo mismo. Jason Bedelfather, empresario y filántropo. Hago negocios con familia de usted. Luciano querido colega. Favor confiar mí por todo ustedes necesitar".

El teléfono del despacho comenzó a sonar y Victoria tuvo que abrirse paso hasta su mesa para responder. Sonrió al escuchar el breve mensaje: "Luciano Federico acaba de despertar. El especialista está con él ahora mismo. Es mejor que esperéis todos en la sala que hay frente a la Unidad de Cuidados Intensivos… Os informaré de su estado lo antes posible".

El despertar

Tenía que ordenar que cambiaran el colchón. ¿Cómo no se había dado cuenta antes de lo incómoda que era aquella cama? Le dolía todo el cuerpo… Cuando era más joven podía dormir en cualquier parte y levantarse tan fresco. Claro que el espantoso dolor de cabeza difícilmente podía ser culpa del colchón. ¿Tal vez había bebido demasiado la noche anterior?

Una mano suave comenzó a acariciarle el brazo. "¿Puedes oírme? Todo está bien, vas a recuperarte por completo. Tuviste un accidente en la ducha y te golpeaste la cabeza. También tienes roto el hombro izquierdo. Por desgracia, tu cerebro parece intacto y en poco tiempo volverás a ser el inaguantable de siempre, ja ja ja. Ahí fuera está toda la familia esperando para verte: nuestra madre, Carlos Adalberto… Hasta tu mujer consideró oportuno abandonar la capital. Marga Teresita también está, por supuesto… Después de todo es nuestra hermana. Incluso ha venido tu socio inglés…"

El monitor registró una aceleración del ritmo cardiaco y Luciano Federico abrió los ojos de golpe.

"Shhhhh, shhhh, calma, Luciano, todo está bien. Es normal que te sientas un poco confuso". Unos minutos después, el herido parecía haberse tranquilizado. Respiraba con normalidad y abría los ojos de vez en cuando. Finalmente susurró: "Victoria Marina…"

"Hola, Luciano, bienvenido al mundo de los vivos", saludó ella en tono festivo. De pronto reparó en la expresión de perplejidad de su hermano. "¿Qué ocurre? ¿No recuerdas el accidente?".

"No… No recuerdo. ¿Por qué me llamas Luciano?".

Victoria frunció el ceño. "Porque es tu nombre, tonto. ¿Cómo quieres que te llame? ¿Acaso no recuerdas quién eres? Es posible que sufras una ligera amnesia transitoria debido al traumatismo…".

"No sufro ninguna amnesia. Sé perfectamente quién soy. Me llamo Pedro Teodosio Rodríguez de la Malvarrosa y soy el jefe de esta familia".

LA CONTINUACIÓN... DEPENDE DE TI

¿De verdad Luciano piensa que es su padre? ¿Reencarnación, trastorno de personalidad o montaje oportunista? ¿Es adicta Elena de las Nieves a la cirugía estética, o tiene razón Marga Teresita al suponer que los problemas financieros de la señora tienen un origen algo más oscuro? ¿Cómo reaccionará el misterioso empresario inglés ahora que su socio Luciano se encuentra poseído?

No te pierdas las respuestas en el próximo capítulo. Envía tus sugerencias sobre el desarrollo de la historia a culebron.financiero@addkeen.net
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¿Cómo evitar los problemas de esta disfuncional familia?

El término fashion victim se atribuye a Oscar de la Renta. Implica un materialismo extremo que conduce a decisiones de consumo particularmente irracionales, con el propósito de proyectar una determinada imagen social. Aunque Patricia Juliana es un caso límite, se trata de un problema bastante extendido, y no afecta sólo a los compradores: también a los trabajadores y al medio ambiente. Víctimas de la moda

¿Eliges tus inversiones teniendo en cuenta el plazo y la liquidez de los activos, para que no te ocurra lo que alega Elena de las Nieves? Consejos para invertir.

Para garantizar el futuro de los negocios familiares, Marga Teresita quiere recuperar la ética y los valores perdidos durante la opaca gestión de Luciano Federico. Valores y sostenibilidad en la empresa familiar.


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Los ricos también quiebran por Cristina Carrillo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
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